El Adorador del Dragon
Clásico chino.

 

   La gran afición del aristócrata Ye venía probablemente de su nacimiento. Según el zodiaco chino, vino al mundo cuando reinaba el signo mas fuerte de los doce animales que conforman el horóscopo chino, sino, curiosamente, también con el ascendente de ese animal mitológico. Adoraba ese signo legendario como si fuera algo propio de su esencia existencial. Los techos de su residencia se remataban con dragones tallados. Todos los muebles de la casa estaban decorados con imágenes de este animal omnipotente. Su fabulosa colección de figuras de dragón era indudablemente la mejor de todo el imperio. Y como si la profusa presencia del animal en su casa no fuera suficiente, adornó todas sus prendas con bordados o estampaciones de dragón, se casó con una mujer del mismo signo, doce años mas joven que el, eligió la servidumbre únicamente entre las doncellas nacidas con el mismo signo de su preferencia. Dragón, dragón, todo dragón.



  Cuando el rey dragón, que vivía en el cielo, se entero de su gran afición, conmovido y agradecido, descendió a la Tierra para visitarlo. Entró en el salón y lo encontró disfrutando de una preciosa pintura titulada “Nueve dragones entre nubes”. Pero cuando sintió la presencia de algo raro en su casa, por el vaho helado y magnético que exhalaba el animal todopoderoso, se puso pálido. Su terror creció desmesuradamente cuando vio de soslayo las escamas de un cuerpo ondulante y escarchado. Se desmayó bañado en sudor frío.

   El rey Dragón se desilusionó:

   -¡Con que sólo te gustaba la presentación de mi especie! ¡Cuando ves al dragón de verdad, te mueres de pánico!.

                                         Bibliografía.

Antología del cuento chino maravilloso. Recopilación de Rolando Sánchez Mejías. Barcelona, Editorial Océano, 2002. Pág. 162-164.