La secta del Loto Blanco
Clásico taoísta.
Enviado y nota de Israel Díaz Nieves.


   Erase una vez un hombre que pertenecía a la secta del Loto Blanco1.  Podía fascinar a la masa con sus artes de nigromancia y muchos de los que adoraban las artes mágicas lo tenían como maestro.
    Un día el maestro quiso ausentarse. Colocó en la entrada un bol que estaba cubierto con otro bol y les ordenó a sus discípulos que tuvieran cuidado con ello. Además,  les que no abrieran el recipiente y miraran que había adentro.


    Apenas se había marchado, cuando los discípulos levantaron la tapa y vieron que en el recipiente había agua pura. En el agua había un barquito de paja con velas y mástiles como las de verdad. Se asombraron y lo golpearon con el dedo. Entonces se ladeó. Volvieron a colocarlo rápidamente en la posición inicial y cubrieron el recipiente. Pero el mago volvía a estar allí y los reprendió enfadado.

–         ¿Por qué habeís desobedecido mi orden?
     Los discípulos se pusieron de pie y mintieron.
     Pero el mago les dijo:
–         ¡Mi barco se escorado en el mar! ¡No podéis engañarme!
     Otro día encendió en la habitación una vela enorme y les ordenó que la vigilaran para que el viento no la apagara. Era la hora del segundo relevo y el mago no había vuelto todavía. Estaban cansados y tenían sueño, así que se fueron a la cama y se quedaron dormidos. Cuando se despertaron la vela se había apagado. Se levantaron rápidamente y volvieron a encenderla, pero el mago volvió a entrar y les reprendió otra vez.
–         De verdad que no hemos dormido, ¿Cómo ha podido apagarse la vela?.
      El mago siguió diciendo muy enfadado.
–         ¡Me habeís dejado durante cincuenta millas en la oscuirdad y seguís diciéndome tonterías!
  Los discípulos entonces tuvieron mucho miedo.
  El practicaba todo tipo de artes negras de las cuales algunas son inenarrables.
  Al correr el tiempo sucedió que uno de los discípulos tuvo amores prohibidos con la esclava favorita del mago. El se dio cuenta, pero se lo calló y no dijo nada. Hizo que el discípulo fuese a alimentar los cerdos. Apenas había atravesado la pocilga que se convirtió en cerdo. El mago hizo llamar al carnicero para que lo matase y vendió la carne. Nadie supo nada del asunto.
    El padre del discípulo terminó por ir allí a preguntar por él, dado que había mucho tiempo que no había ido a casa y se informó por todos los medios del paradero de su hijo, pero no encontró la mas mínima huella. Solo un compañero que sabía el secreto, se lo conto al padre. El padre llevó el mago ante el juez. Pero este temía que se volviera invisible y no se atrevió a apresarlo. En lugar de ello informó a sus superiores y pidió mil guerreros armados. Ellos rodearon la casa del mago. El estaba adentro y lo cogieron junto con la mujer y el hijo. Lo encerraron en una jaula de madera y lo pasearon por la ciudad.
     El camino pasaba por una montaña. En medio de la montaña apareció un gigante, que era tan alto como un árbol. Tenía los ojos como tazones , la boca como una ensaladera y los dientes medían un pie de largo. Los guerreros se pusieron a temblar y no se movieron, el mago les dijo:
–         Ese es el espíritu de la montaña, mi mujer puede derrotarle.
     Hicieron lo que había dicho y liberaron a la mujer de sus ataduras. La mujer cogió una espada y se enfrentó a él. Pero el gigante era un salvaje y la venció. Todos sintieron miedo.
   El mago les dijo.
–         Si ha matado a mi esposa, mi hijo tiene que seguir con la obra.
    Entonces lo dejaron al aire libre. Pero también el fue vencido. Ninguno no sabía que hacer.
    Entonces lloró de rabia y dijo:
–         Primero ha matado a mi esposa y luego a mi hijo, ¡Qué el cielo le devuelva con la misma moneda!, ¡Nadie puede vencerlo mas que yo!.
     Y lo sacaron de la jaula, le dieron una espada e hicieron que se enfrentase a él. El mago y el gigante lucharon durante un rato. Al final el gigante cogió al mago por la garganta, estiró el cuello y se marchó tranquilamente.
     Pero los soldados se dieron cuenta demasiado tarde del engaño del mago.

   

 

 Notas.
1La secta del loto blanco (Pai-lie chiao en chino), fue fundada en 1130 por un monje llamado Mao Chu-Yuan.
   Esta religión toma elementos místicos del budismo y el taoísmo, basados en una futura llegada del Buda Maitreya (Milofo en chino), el cuál inagurararía un periodo de paz y felicidad eternas, precedido por un príncipe terrenal.
    El fanatismo de esta secta  por establecer el reino de Maitreya, hizó llevar a sus seguidores, que se creían invurnerables al realizar una serie de ritos místicos (que incluían artes marciales) los cuáles les daban invureneravilidad contra las armas, realizando por ello una serie de rebeliones.
    La mas importante rebelón de la secta del Loto Blanco, fue protagonizada en 1351 por Chu Yuan-Chang, quién lograría derrocar a la dinastía mongola de los Yuan, lo cuál lo llevaría a crear la dinastía china de los Ming (1351-1644), pero lejos de instaurar el reino de Maitreya, abjuro de la secta del Loto Blanco y la persiguió.
    La ultima rebelión del Loto Blanco fue protagonizada entre 1774 y 1803 en la provincia de Shantung (en el noreste de China), por Wang Lung, quién era un místico y practicante de las artes marciales que pretendía convertirse en emperador de China.
   
        Bibliografía.
    Antología del cuento chino maravilloso. Recopilación de Rolando Sánchez Mejías. Barcelona, Editorial Océano. Pag. 146-148.
    Las religiones constituidas en Asia y sus contracorrientes II. México, Editorial Siglo XXI, 1982 (Historia de las religiones). Pag 151-154